La sangre de Dresden (2)

La tarde del sábado 2 de marzo, una conductora de radio de la Ciudad de México recordaba el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York (perpetrado el 11 de septiembre de 2001) y lo calificaba como uno de los peores de la historia. Esa locutora tal vez ignore los bombardeos terroristas de estadounidenses y británicos contra la ciudad alemana de Dresden.

Quizá ignore lo que escribió un ex soldado de los Estados Unidos que presenció el ataque injustificado contra esa ciudad alemana, donde el efecto de las armas destruyó miles de edificios, mató a decenas de miles  de personas -quizá cientos de miles- y elevó la temperatura a 1,600 grados celsius.

KURT VONNEGUTPor Kurt Vonnegut.

Fuente: Nuevo Acción.

Foto superior: Recuperando cadáveres en las calles de Dresden. (Especial).

Concentrémonos en el bombardeo de los días 13 y 14 de febrero de 1945.

Para empezar, sabemos que el área demarcada por las «bombas marcadoras» fue de aproximadamente 7 x 4 km; o sea 28 km2. Sabemos también que más de 12.000 edificios del centro de la ciudad quedaron reducidos a escombros y también sabemos que la población normal de unas 600.000 personas se hallaba prácticamente duplicada con los refugiados. Por último, sabemos por los documentos aliados ya citados que, durante esos dos días, se lanzaron sobre la zona 3.441 toneladas de bombas, entre explosivas e incendiarias.

Hagamos un cálculo rápido: 3.441 toneladas de bombas sobre 28 km2 dan unas 123 toneladas por km2 en números redondos. Es muy poco probable que en cada uno de esos km2 hayan quedado muchos con vida considerando que se trató de explosivos de alto poder  y de bombas incendiarias de una efectividad tan devastadora que, al ser lanzadas de un modo sistemático en grandes concentraciones, terminaron provocando lo que se conoce como un «huracán de fuego».

Pilas de cadáveres en Dresden
Pilas de cadáveres en Dresden. Foto: Especial.

Vayamos ahora pues, a la cantidad de víctimas.

Sabemos que durante los bombardeos se destruyeron más de 12.000 edificios en el centro de la ciudad. Quedémonos con 12.000 para un cálculo de mínima. Con la densidad de bombardeo que acabamos de calcular creo que no será exagerado suponer que, en los sótanos de esos 12.000 edificios, de los que se fueron a refugiar allí no quedó casi nadie vivo porque los que no murieron por las llamas, murieron sofocados por el humo y la falta de oxígeno, o directamente murieron aplastados por los derrumbes. De modo que la pregunta es: ¿cuántas personas había en esos edificios?

Conclusión

Y aquí hay que tener un poco de cuidado. La pregunta no es ¿cuántas personas vivían allí? La pregunta es ¿cuántas personas había allí? No nos podemos olvidar de los refugiados. Porque, en primer lugar, a muchos los alojaron en donde se pudo y una cantidad importante de casas estaban repletas de ellos. Y, en segundo lugar, cuando empezaron los bombardeos cada cual corrió desesperado a refugiarse en el primer sótano en el que pudo meterse, de modo que los sótanos de esos edificios (y hasta los edificios mismos) estaban repletos de personas de las más diversas procedencias. ¿Cuántos habitantes por edificio podríamos calcular?

Por de pronto tengamos en cuenta que no se trató de edificios pequeños, de planta baja solamente, construidos para albergar a una sola familia. Las fotografías, incluso las que solo muestran edificios parcialmente derrumbados, son bien claras al respecto. Fueron estructuras edilicias complejas, de varios pisos, con una capacidad nada menor de albergar habitantes. Por consiguiente, si calculamos una cifra poco menos que ridícula de 20 personas por edificio la cuenta nos da 20 × 12.000 = 240.000 personas. Seamos un poco menos optimistas, ¿digamos 30 por edificio? Eso nos daría 360.000 personas. Si calculamos una cifra de 40 personas por edificio, algo que sigue siendo bastante conservador desde todo punto de vista, la cantidad de personas afectadas ascendería a 480.000.

¿Cuántas de estas personas murieron? A una temperatura exterior de 1600 ºC y una densidad de 123 toneladas de explosivos de alto poder e incendiarios y por km2 la cantidad de sobrevivientes a todas luces no pudo haber sido muy grande. Pero seamos optimistas y digamos que el 20% de los afectados se salvó. Eso nos daría una cifra de entre 288.000 y 384.000 muertos en los edificios solamente.

A eso, súmese la gente que quedó en la calle sin hallar un refugio; la que quedó en estaciones ferroviarias, en las plazas y en los hospitales; la que se tiró al río Elba tratando de apagar sus ropas en llamas y murió ahogada o por la infección de sus quemaduras; más la que intentó refugiarse en iglesias, museos y otros edificios públicos. Y por último tampoco olvidemos a las que fueron ametralladas a mansalva por los cazas que buscaban sus «blancos de oportunidad».

Dresden, cadáveres en un sótano
Dresden: cadáveres en un sótano. Foto: Especial.

Y a todo esto todavía queda abierta una pregunta que nunca tuvo respuesta: ¿Cuántas personas murieron a causa de las 465 toneladas de bombas arrojadas por los norteamericanos el 15 de Febrero de 1945 y las 2.771,7 toneladas de bombas lanzadas en Marzo y en Abril?

Abran por favor la Wikipedia en el artículo sobre «Dresde».

Les cito textualmente lo que dice allí:

«El número de muertos se estimó en un principio en varios cientos de miles y varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 22.700 y 35.000 muertos, decantándose los estudios más recientes por las cifras más bajas».

Ahora, por favor, vayan en la misma Wikipedia al artículo sobre «Bombardeo de Dresde». Allí nos ilustran con que:

El número de víctimas varía enormemente en función de la fuente, pero la línea mayoritaria en la historiografía actual lo sitúa entre 25.000 y 40.000 muertos.

¿En qué quedamos? ¿De 22.700 a 35.000? ¿O de 25.000 a 40.000?

Si la historia la escriben los que ganan, en la Wikipedia en inglés, el artículo sobre Dresden indica «aproximadamente 25.000 personas» mientras que el del Bombardeo de Dresde  afirma que la cantidad de muertos se estima entre 22.700 a 25.000.

Si promediamos estos números totalmente fantasiosos y tomamos algo así como 30.000 muertos, esto significa que para la políticamente muy correcta «historiografía actual» los pilotos anglosajones de Febrero de 1945 habrían necesitado 3.441 toneladas de bombas para matar a 30.000 personas; o sea casi 115 kg de bombas para matar ¡a una sola persona!

¿Alguien puede creer eso? Yo no. En la Historia de los seres humanos es raro hallar hechos en blanco y negro. En muchos casos, lo que hay son grises y analizando los datos objetivos descubrimos, no solo que «los buenos» no fueron los que ganaron sino que, a veces, hasta fueron peores que «los malos».

Aunque, por supuesto, el que gana siempre figura como «el bueno». Porque el que gana es el que escribe la Historia.

Sin embargo, aun así los datos hablan. Solo hay que usar un poco de sentido común y escuchar su mensaje.

El que quiera oír, que oiga. Es como dijo el poeta: Eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia; quien quiera oír que oiga.

Biografía del autor

Kurt Vonnegut (1922-2007) fue un escritor y además un diseñador gráfico estadounidense.

Luchó en la Segunda Guerra Mundial; fue hecho prisionero por los alemanes y enviado a Dresden, donde presenció el bombardeo de la ciudad por los Aliados. A su regreso, estudió Antropología en Chicago y, desde los años 60, fue uno de los críticos más feroces de la sociedad contemporánea, aludiendo a la guerra, a la destrucción del medio ambiente y a la deshumanización.

Expresó estos temas a través de la ciencia ficción, mezclándola con un humor ácido e hilarante, inspirado por varios escritores estadounidenses notables de ciencia-ficción. De hecho, uno de sus personajes recurrentes, Kilgore Trout, es un trasunto de todo un clásico del género: Theodore Sturgeon. Otras influencias le vienen de H.L. Mencken, Hunter S. Thompson, Louis-Ferdinand Céline y su amigo, Joseph Heller.

Escribió catorce novelas, entre las que destacan Las sirenas de Titán (1959), Matadero cinco (1969) y El desayuno de los campeones (1973).

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